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Ponga una ZTA en su vida

Lo bueno del descanso es que te permite hacer cosas que deseas normalmente y no puedes. Esta vez he podido leer “sin cruzar los párrafos”, “Zonas Temporalmente Autónomas” de Hakim Bey. Dejé las ideas sin letra hasta esta tarde, que ya toca.

De todo lo que dice y la idea a practicar que mas me gusta es evitar una definición de las “Zonas Temporalmente Autónomas”. me gusta porque es un llamamiento a encontrarlas y a vivirlas dejándolo a nuestra iniciativa.

En su texto hay muchos ejemplos de zonas que escaparon al control del estado y actuaron por fuera del sistema. Siguiendo su práxis yo diría que las fabricas que tomaron diferentes grupos obreros en Argentina durante la crisis del “corralito” y que hoy siguen funcionando sin criterios de mercado son ZTAs gracias a las cuales sus protagonistas viven y sobreviven de acuerdo a reglas propias adoptadas colectivamente. Su temporalidad no depende tanto de ellos como de qué haga el estado con su experiencia y sobre todo de si el resto de la sociedad sigue el camino oficialmente trazado o también lo abandona.

No comparto con Hakim Bey su visión negativa de la historia de los intentos de liberación social conocidos hasta ahora. Los intentos colectivos conscientes de liberación social no tienen mas de 150 años mientras nuestra historia como explotad@s puede tener unos 5000 años.

Si una ZTA surge gracias a la existencia de áreas vacias, fisuras y momentos de ausencia o crisis del control del estado entre 1917 y 1921 hubo en Rusia una gigantesca ZTA desde la frontera con Polonia al pacífico, o las hay en las áreas de México controladas por la guerrilla zapatista, o la hubo en la España de la guerra y la revolución por lo menos hasta las jornadas de mayo de 1937. No creo que de su hundimiento, fracaso o traición pueda sacarse una conclusión diferente, aunque si entiendo que el desánimo permita pasar página y dedicarnos a algo mas cercano y asequible que el mismo Hakim Bey considera puede fracasar o ser reprimido.

Creo que igual que hay que aprovechar las pequeñas áreas sin control y vivir sin tutela, experimentar nuestra libertad, crear una experiencia colectiva fuera del sistema… también hay que aprovechar las áreas grandes sin limitación alguna y con el mismo entusiasmo.

Me gusta el abierto antiestatismo de Bey, es algo que también hay que aprender de las grandes experiencias fallidas. El estatismo de los soviets hurtó la iniciativa obrera para dejarla a los bolcheviques que finalmente fueron víctimas de su propia obra.

Quienes están esperando la revolución sin experimentar vitalmente aquello que proclaman no se han emancipado aún de la tutela estatal. Necesitan algo superior para que sus propias vidas cambien y sin ello no cambiarán, aunque hablen contra el estado terminarán creando otro para sentirse tutelados de nuevo.

Es penoso ver en plena crisis económica como organizaciones que se dicen de izquierdas reducen su programa a exigir al estado tal o cual medida olvidando las fuerzas dormidas que como tales tienen miles y miles de parados. No hace falta esperar a nadie quienes quieran de ellos se pueden poner en marcha y como los obreros argentinos de arriba tomar su zona, construirla y vivir con ella.

Una ZTA es un reto, un laboratorio social voluntariamente iniciado por sus integrantes para vivir fuera del paraguas del estado con sus propias normas. En tiempos de “bonanza económica” son pocas las grietas que aparecen, muchas en tiempos de crisis.

¿Que sería del estado si de cada grieta surgiera una ZTA?.  La respuesta puede ser solo un sueño sobre nuestro futuro, pero depende de nosotros, de todas las ZTAs, de cada individuo, de cada colectivo y de nadie mas cual sea la conclusión.

Paseando por el retiro comentaba con un amigo sobre la perdida de tiempo y riesgos vitales que significaban las propuestas militaristas frente al poder del estado y nos acordamos de como los “barbaros” entraron en el corazón de Roma sin casi oposición militar. El sistema de recaudación de impuestos para pagar las centurias romanas había fracasado.

Ese poder militar y burocrático que es el estado se disuelve sin mas en cuanto la sociedad le retira su apoyo. No se como pueda ser, pero se me ocurre que simplemente dejemos de pagarle.

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  1. octubre 13, 2009 en 10:24 pm

    Muy buen apunte!!

    Seguramente Bey no quisiera ver en las cooperativas obreras argentinas una ZTA sin embargo. Creo que él miraba más a la “fiesta”, a algo que podía compartir con sus amigos artistas en EEUU… lo de trabajar en la fábrica, por liberada que fuera no creo que les hiciera ilusión 🙂

    A los que nunca nos separamos del trabajo real en cambio, no puede sino gustarnos que lo ligases por ahí y no por las raves. Y sí, por cierto, que los soviets originales, la Majnovschina, etc. generaron ZTAs hablando literalmente. Pero si fueron “T” no fue por gusto ni porque alguien les señalara educadamente que se disolvieran…

  2. Alelanta
    octubre 16, 2009 en 4:12 pm

    Me pregunto si es posible tener una cooperativa obrera, como lo planteas que sea autónoma, pensando en que sea la empresa que sea, va a tener que “adherirse al sistema” pagando impuestos, realizando contratos, cumpliendo normas laborales , etc; y, por lo tanto, perdería así su supuesta autonomía.

    • octubre 16, 2009 en 5:11 pm

      Tanto esa cooperativa como nosotros vivimos dentro del capitalismo y mientras este sobreviva es imposible eliminar cualquier punto de contacto.

      Las cooperativas hace mucho que existen, de hecho en España tenemos un grupo industrial, Mondragón cuyos socios son cooperativistas. Entre la cooperativa Mondragón y una empresa capitalista por acciones hay diferencias, pero insuficientes como para pensar que no es una empresa capitalista más.

      Estas empresas de las que hablo se diferencian de las cooperativas clásicas en que su referencia no es el mercado. No rigen su funcionamiento interno a nivel laboral según las normas del mercado, tampoco el mercado y la acumulación de beneficios son los que orientan su producción, sino el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de sus miembros, es decir, que puedan comer y tener techo, educación, etc.

      Se adueñaron de las fábricas cuando sus dueños capitalistas las querían cerrar siguiendo las normas del mercado. Su origen ha marcado su futuro y su funcionamiento.

      Existe una evidente tensión entre sus objetivos no capitalistas y el entorno en el que viven inmersos, y esa tensión puede llevarles a su propio fin, en ese sentido son temporales y mantienen un cierto grado de autonomía con respecto al sistema.

      Ojala en ellas mientras duren, y fuera de ellas, se aprenda algo con su experiencia que podamos reutilizar en nuevas zonas autónomas temporales o definitivas.

  3. octubre 17, 2009 en 3:18 pm

    Aunque últimamente veo ZTA como setas, coincido con David en que los casos que indicas se alejan de aquéllas, porque muy probablemente se trata de proyectos con una voluntad de permanencia, a parte de un plan de sustento económico.

    No creo que fuera el desánimo lo que justificara la invisibilidad o la temporalidad de las ZTA de Bey (insisto en que su ensayo me parece optimista), aunque sí detecto en él un ligero bajado de listón en los objetivos. Aunque esto último parezca adecuado para una ZTA, creo que tienes toda la razón cuando dices que también debemos mantener la ilusión en ocupar las grietas grandes, porque las hay, y muchas (el sistema bancario, la moneda, las redes, las cooperativas…), aunque de Bey mantendría la disposición a reconocer cuándo el proyecto no puede o debe continuar y movernos rápidamente al siguiente.

    A mí también me choca sobremanera que en esta situación de crisis no haya más trabajadores que asuman el control de sus lugares de trabajo cuando van a ser cerrados. Bien es cierto que la izquierda y los sindicatos mayoritarios son completamente dependientes del Estado, y por eso no hacen más que pedirle de todo, aunque también podría ser que simplemente no tengamos la cultura organizativa y de autogestión necesaria (venimos adiestrados en la jerarquía y la representación desde la escuela). O quién sabe, tal vez sí se dan casos, pero no aparecen reflejados en los medios (por supuesto).

    Con respecto a cómo dejar de dar soporte económico al Estado, dejar de pagar impuestos me parece una oposición frontal muy arriesgada. En cambio, hace poco descubrí una de esas grietas donde se puede hacer bastante en este sentido: las cooperativas integrales. Creo que sería un tema muy interesante dentro del debate sobre democracia económica.

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